A fin de cuentas, la vida es una coincidencia. O mejor dicho, la vida es el resultado de todas las coincidencias que se te presenten a lo largo del camino y la forma en la que las enfrentas. La mayoría de las cosas que forman tu día a día están formadas por leves coincidencias o majestuosas casualidades. La gente con la que coincides en el autobús. La chica que siempre va leyendo en tu línea de metro. La canción de la radio del coche que te recuerda a qué supo tu último beso
El amor de tu vida que no es otra cosa que la más afortunada de todas las coincidencias. Un cúmulo de casualidades diseñadas especialmente para atravesarte el alma. Una mirada fugaz, siete encontronazos con sonrisa cómplice, una fiesta, un concierto, o quizás un trabajo en común. El beso tan esperado que llegó la noche que menos lo esperabas.
A los 18, a los 25 o a los 42, porque qué sabrá el amor de tiempos, de edades, ni de protocolos absurdos.
el amor siempre volverá a manifestarse en otra coincidencia, una de esas que te ponen el estómago del revés cuando te lo cruzas de lejos, cuando te sonríe de cerca.
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